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  • Pastor Manuel Sheran

CUAL ES TU TESORO



Mat 6:19-21 No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; (20) sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. (21) Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.


Jesucristo utiliza esta metáfora para explicar que el mundo va causar que el tesoro se deteriore. Si alguien tiene hambre de tesoros no debe agotarse por buscarlos en la tierra. El verdadero tesoro está en el cielo.

¿Cuáles son esos tesoros? Realmente de lo que habla aquí es de tesoros espirituales. Sin embargo, tenemos que estar apercibidos que el tesoro mismo es Dios y no las cosas que el provee. Le damos gracias por las cosas que el provee, pero no debemos enamoramos de ellas. Cuando los cristianos se confunden sobre la naturaleza del tesoro aparecen los ídolos. Las posesiones y el status de vida que tiene se convierte en un ídolo para El.

Esta no es una prohibición con respecto a las posesiones. La escritura no prohíbe la propiedad privada. Tampoco hay prohibición con respecto al ahorro para la necesidad futura. Pero si es una advertencia en contra de hacer del dinero el centro de su vida y que la riqueza se convierte en un tropiezo que te aparte de Dios.

Las riquezas no pueden ni deben ser el centro de nuestra vida y esto debe evidenciarse en la manera en cómo nos conducimos diariamente dentro y fuera del ambiente cristiano.

En cierta ocasión el teólogo reformado Matthew Henry fue asaltado. Después del infortunado suceso elevo una oración a Dios que dice así:


“Señor te doy gracias porque nunca me habían robado antes. Te doy gracias de que aunque él me quitó la billetera, no me quitó la vida. Aunque tomó todo lo que tenía, no fue mucho. Y te doy gracias de que fui yo quien fue robado, no yo quien robo”


Como pensamos, como hablamos y como nos conducimos acerca del dinero demuestra donde esta nuestro tesoro. En el caso de Matthew Henry, él nos muestra que su tesoro no eran sus posesiones sino Dios mismo. Que El Espíritu Santo nos ayude a entender y aplicar en nuestra vida que podemos necesitar cosas, pero no enamorarnos de ellas. Y aunque no las recibamos de Dios en oración, podemos estar satisfechos en que tenemos el mejor tesoro de todos. Dios mismo. Y ese tesoro nadie nos lo puede robar, nunca se oxida y nunca se acaba.

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