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  • Pastor Manuel Sheran

PERDONADOS AL FIN


Jesus perdona a la mujer adultera.

Hch 10:43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.


Pedro dice: "Puede que no aprecies esto completamente, pero todo lo que Jesús hizo fue predicho por los profetas." Mucho antes de que él llegara, lo que sería y lo que haría estaba escrito. Cada profeta dio testimonio de este hecho: la única forma en que podrías encontrar el perdón de los pecados es creyendo en él. Ese es el gran, final y glorioso empuje del evangelio. La buena noticia es que a los hombres se les ha dado una forma de ser perdonados de sus pecados.

Esa es la necesidad básica de cada corazón humano. Cada uno de nosotros sufre de la terrible conciencia de pecado. Somos personas culpables; y lo sabemos. Eso es lo que nos vuelve tan inquietos. Es por eso que a menudo no podemos soportar estar a solas con nosotros mismos, porque tenemos miedo de ese sentimiento de culpa que nos oprime. Entonces, la principal necesidad de nuestras vidas es ser perdonados, no tener nada en el pasado de qué preocuparnos, no tener nada que nos haga dudar del futuro y, especialmente, nada que nos haga reacios a comparecer ante Dios. A través de Jesucristo, los pecados son perdonados.

¿Has reflexionado acerca de esto? ¿Te has detenido recientemente y le has agradecido a Dios que tus pecados han sido perdonados? ¿Lo has hecho alguna vez? No solo los que cometiste antes de convertirte en cristiano; todos tus pecados Tanto futuros, como pasados, ya están perdonados en Jesucristo. Dios, por lo tanto, no tiene ira contra ti, te ama, te acepta. Hagas lo que hagas, él continuará amándote y aceptándote.

Nadie puede tomar esa verdad y usarla como una licencia para pecar, para salir y hacer lo que quiera. Hacerlo indicaría que nunca has sido regenerado, nunca has entendido por qué Dios cargó con tus pecados. Pero si ha nacido de nuevo, sabe que esta es la bendición más grande e interminable de tu vida: despertarte todas las mañanas y recordar que eres un hijo amado en la presencia de Dios. Él te ama y te acepta. Eres suyo, y por esa razón él estará contigo todo el día, en todas las circunstancias de tu experiencia.

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